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Piensa, piensa, piensa, que pronto descubrirás la verdad

Por: Gustavo Rachid Rucker 


En una sociedad perturbada donde algunas democracias se han transformado en cleptocracias, los ciudadanos asistimos asombrados a los tejes y manejes de las gestiones de turno.

Tiempos de cólera 

La presencia de gobernantes que son millonarios, actores, tecnócratas, y payasos, son la consecuencia ante la vacuidad de políticos con carreras decentes y expertos (que no abundan) y dejan lugar a iletrados y junta letras, al igual que acontece en el periodismo y la comunicación.

La mentira se ha transformado en el abismo de las ideologías y los políticos, hoy utilizada en forma permanente por la clase dirigente; Mark Twain lo adelantaba; «Hay tres clases de mentiras: La mentira, la maldita mentira y las estadísticas», utilizadas desde siempre y en la actualidad con fórmulas mágicas y anuncios exitistas que son parte de hacer creer cosas que no son.

En esa batalla contemporánea de mentiras y vanidades los triunfos de algunos políticos, se basan en el desprecio a otros, no de sus propios méritos. No se puede crear experiencia, es necesario pasar por ella y demostrar con el tiempo su eficacia, ya que desde siempre el advenimiento de oportunistas anuncian milagros inexistentes.

«A los mayores tiranos siempre les gustó tener fama de liberadores». 

Miguel Delibes

En este duelo de ideologías los que quedan mareados son los ciudadanos atrapados y perjudicados por el «fuego enemigo y amigo» vociferando permanentemente por algunos oportunistas la palabra «libertad» como fórmula discursiva, cuando sin lugar a dudas la libertad no es patrimonio de ningún sujeto, es un estado normal y habitual de Vida de quienes no dependen justamente de ninguna ideología.

Cómo dice sabiamente María Jesús Álava: « Negar la realidad, lo único que consigue es agravar la situación y retrasar la solución. Evitar los hechos no implica resolverlos. Intenta escuchar, analizar con objetividad y actuar con flexibilidad. Las tensiones se mitigan tendiendo puentes, no alzando muros de incomprensión»

Por eso quizás la fórmula ideal será; pensar, pensar y pensar, para descubrir pronto la verdad.

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