Facebook
Twitter
LinkedIn

Los retos de crear un ejército único europeo

El ruido de los fogonazos en Ucrania, junto con el cambio de rumbo en la presidencia estadounidense y los retos advertidos en el informe Draghi, parecen haber despertado a los dirigentes europeos que, desde hacía años, evitaban abordar incómodos debates de defensa. Ahora la idea de la autonomía estratégica está al orden del día, y el ejército único europeo es su piedra angular.

El escepticismo creciente respecto al compromiso de Washington con la defensa europea, unido a la desconfianza general en la nueva administración Donald Trump y a la prolongación de la guerra en Ucrania –que ya es el mayor conflicto militar en el continente desde la Segunda Guerra Mundial– parecen empujar a Bruselas hacia un cambio de rumbo estratégico.

El culmen de este nuevo enfoque se encuentra en el Plan de Rearme, presentado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el 4 de marzo de 2025. El objetivo declarado es mejorar las capacidades de defensa del club comunitario, fortaleciendo la autonomía estratégica, reduciendo la dependencia de Estados Unidos y buscando mejorar la competitividad de la industria de defensa.Para ampliar: Von der Leyen propone un rearme europeo con una inversión de 800.000 millones de euros

Ya en 1991, el ministro de Asuntos Exteriores belga Mark Eyskens definió a Europa como “un gigante económico, un enano político y un gusano militar”. Existe un desajuste entre la gran relevancia de la Unión Europea en el espectro económico internacional y su irrelevancia en el militar. El desafío de este Plan de Rearme radica en equilibrar la balanza, trasladando al ámbito militar su peso financiero y logrando que su voz en los mercados resuene con la misma fuerza en el tablero geopolítico.

Por ello, cada vez son más las voces críticas que consideran que la unión económica y política no es suficiente para afrontar los nuevos retos estratégicos y de seguridad venideros. De esta manera, el futuro del bloque comunitario podría requerir de una mayor integración y cooperación militar, reabriendo aquel viejo debate que parecía olvidado.

De hecho, el propio presidente español Pedro Sánchez alentó la creación de un ejército único europeo el pasado 26 de marzo, sumándose así a las reclamaciones de otros históricos dirigentes del continente, como Josep Borrell o el propio Robert Schuman.

La creación de un ejército común europeo ofrece a la Unión no solo seguridad, sino también dirección. Sería el paso natural para una potencia económica que desea proyectarse como potencia militar. La combinación de integración económica, cohesión política y cooperación militar llegaría en un contexto histórico clave, en el que equilibrio geopolítico se desplaza hacia nuevos polos de poder. Además, esta alianza militar podría ampliarse y consolidarse como base para alcanzar una eventual autonomía estratégica frente a un Estados Unidos cada vez descontento con Europa y con la OTAN.

Los problemas del ejército único europeo

No obstante, a pesar de su gran potencial, el proyecto tropieza con una serie de barreras tanto estructurales como simbólicas. Por ello, a lo largo de este artículo abordaremos cuáles son los principales desafíos estratégicos y dificultades que amenazan el desarrollo futuro del Plan de Rearme presentado por Ursula von der Leyen.

En primer lugar, antes de plantear la creación de una fuerza militar conjunta, se torna fundamental construir una política exterior y de defensa común, logrando unir a todos los miembros bajo un mismo marco de actuación. En la actualidad, la Unión Europea sufre una aguda falta de coordinación, dificultando su proyección como un bloque sólido en el exterior. Actúa más como una agregación de veintisiete Estados que como una verdadera unidad política y militar.Para ampliar: La política exterior de la nueva administración Trump

El principal impedimento para poder desarrollar esta política común es la gran divergencia en los intereses estratégicos de cada integrante. Mientras que los países mediterráneos como España o Italia ponen el foco en África, otros Estados orientales como Polonia o los Bálticos centran su atención en la amplia frontera con Rusia.

No obstante, en los últimos años se han percibido señales alentadoras que muestran un posible cambio de tendencia en la materia. Iniciativas como las reuniones del denominado «Grupo de los Cinco», para desarrollar una línea común europea en el apoyo a Ucrania, así como el plan de rearme impulsado por Von der Leyen, muestran que existe voluntad política de avanzar en esta dirección.

Del mismo modo, encontramos las diferencias doctrinales de cada ejército, enraizadas en décadas de alianzas y tradiciones militares distintas que impiden una verdadera integración táctica.

Reunión ministerial del G5+ el pasado 31 de marzo de 2025 en Madrid para discutir el plan de rearme europeo
Reunión ministerial del G5+ el pasado 31 de marzo de 2025 en Madrid. Fuente: Ministerio de Asuntos Exteriores de España

Mientras unos siguen el compás de la OTAN, otros aún conservan notas del viejo manual soviético. A ello se suman las barreras idiomáticas entre los diferentes países de la Unión Europea y las dificultades para fraguar una identidad europeísta común, en pleno auge de movimientos euroescépticos, nacionalistas y de derecha radical.

Además, no debemos olvidarnos de la cuestión industrial, piedra angular de cualquier ejército. Europa no solo se divide en banderas, sino también en fábricas. La rivalidad entre las industrias de defensa europeas impide adoptar una estrategia común.

Cada Estado invierte en diseñar el mismo armamento, los mismos sistemas y las mismas soluciones, multiplicando los esfuerzos, pero no los resultados. Se dilapidan recursos valiosos que, bajo una lógica común de cooperación, podrían conducir a mayores avances compartidos. Esta es la razón por la que el Plan de Rearme puede ser tan importante.Para ampliar: Mapa del auge de la derecha radical en la Unión Europea

Sin embargo, trazar una estrategia común en el ámbito industrial no resulta nada sencillo. ¿Cómo se distribuirán las tareas? ¿Quién será el arquitecto y quién será el albañil? ¿Qué Estados estarían dispuestos a revelar sus secretos industriales en los que tantos años de trabajo y recursos han absorbido? Navantia ha realizado inversiones millonarias para desarrollar la tecnología AIP, sistema de propulsión independiente del aire, en la clase S-80 de submarinos españoles. ¿Sería adecuado regalar el secreto industrial de esta sofisticada tecnología a la competencia francesa o alemana?

Otra de las principales barreras se encuentra en analizar que Estados serían partícipes en el proyecto de un ejército único europeo. En un escenario idílico, los 27 miembros de la Unión se someterían a un lento proceso de integración progresiva de sus fuerzas armadas.

No obstante, la realidad es mucho más compleja, ya que es bien sabido que países como la Hungría de Orbán o la Eslovaquia de Fico serían reticentes a esta unificación, e incluso tratarían de vetar esta iniciativa en las instituciones europeas. A esto se sumaría la situación de Austria y su política oficial de neutralidad, la cual imposibilita su participación en el proyecto.

Las posibles alternativas de seguridad

Ante estos obstáculos, una vía más realista sería la creación de una coalición paralela, fuera del marco institucional de la Unión Europea, conformada por Estados con intereses convergentes en materia de seguridad y defensa. Precedentes como la cooperación estructurada permanente (PESCO) o el actual G5+ constituyen posibles alternativas más flexibles.

A esta fuerza podrían sumarse otros aliados extracomunitarios, como podría ser el caso del Reino Unido. Aunque ya no forme parte del bloque comunitario, ha demostrado ser un socio fiable en el apoyo a Ucrania, colaborando muy activamente con otros aliados europeos.Para ampliar: La guerra de Ucrania para la Unión Europea: ¿una cuestión existencial?

Su gran peso geopolítico y su poderío económico-militar lo convierten en un candidato natural, el cual no querría quedarse fuera de esta transformación en la arquitectura de defensa europea. Sin embargo, no debemos perder de vista la profunda dependencia militar y estrecha cooperación que mantienen con Estados Unidos. Londres no tiene interés en distanciarse de su tradicional aliado, por lo que buscaría mantener un delicado equilibrio entre ambas alternativas.

Otro país a tener en cuenta sería Canadá. Si bien al igual que ocurre con Reino Unido su fuerte dependencia económica y lazos profundos con Washington dificultan su participación en el proyecto, no puede ignorarse que las relaciones entre ambos Estados no atraviesan su mejor momento. Las vacilaciones de Trump de anexionarse Canadá o su política de aranceles podrían empujar al país a mirar más a Europa, buscando nuevas garantías de seguridad y oportunidades comerciales.

Exposición de tanque destruido en Kiev
Bruselas esta abanderando la militarización de Europa en medio de la incertidumbre que genera la guerra de Ucrania y la vuelta de Trump. Foto de Serhii Tyaglovsky en Unsplash

Asimismo, su cercanía a Groenlandia alentaría a la Unión Europea a incrementar la cooperación militar, de cara a proteger la soberanía europea de ese territorio frente a los reclamos de Estados Unidos. Por ello, Canadá podría jugar un rol de socio estratégico similar al de Reino Unido, buscando mantener su mismo frágil balance.

Incluso la propia Ucrania, una vez termine el conflicto, deberá ser tenida en cuenta para el ejército único europeo. Es uno de los principales candidatos a integrarse en la Unión Europea y su amplia experiencia militar acumulada durante estos años, sumada al crecimiento de su industria de defensa –destacando en valiosos ámbitos como los drones FPV– la convierte en un socio potencialmente atractivo.

No obstante, ninguna alianza militar querría incorporar a un miembro que pueda volver a entrar en conflicto en los próximos años, arrastrando al resto. Por lo tanto, su participación dependerá en gran medida del tipo de solución que se le ponga al conflicto. No es lo mismo alcanzar una paz duradera, que cumpla con las expectativas de ambas partes, que firmar otros acuerdos de Minsk, congelando el frente temporalmente a la espera de reiniciar las hostilidades.Para ampliar: 2025, año decisivo en la guerra de Ucrania

De hecho, en las conversaciones de paz en curso, Rusia ha manifestado que el despliegue de fuerzas europeas en Ucrania o su candidatura a la OTAN son líneas rojas para Moscú. No obstante, su entrada en la Unión Europea no parece generar la misma tensión. De esta manera, Kiev podría mantener lazos cercanos con este bloque de defensa europeo, aunque no llegase a formar parte de él.

Cabría esperar entonces que estos aliados extracomunitarios adopten un papel secundario, manteniendo buenos lazos con el proyecto de un ejército único europeo sin llegar a participar o integrarse en él, especialmente ante este contexto de desconfianza creciente en Estados Unidos, que parecería haberse olvidado de sus aliados.

Colabora:

Grupo de Medios:

ENCUÉNTRANOS EN:

Todos Los Derechos Reservados © 2025 – Transición Europa

Scroll al inicio