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Francisco, el Papa que hizo gambeta desde el cielo

Por Carlos Gulberti

Hay que admitirlo:  Francisco fue argentino hasta el final. Y más allá. Porque si algo parece evidente tras la elección de León XIV – el inesperado cardenal Robert Prevost–  es que el Papa emérito jugó su último pase en tiempo suplementario. Una gambeta sutil, sin pisar la pelota, pero con dirección exacta. No dejó sucesor, no pasó la pelota a otro jugador, pero sí dejó todo listo para que fuera inevitable gol.

A algunos les huele a manipulación. A otros, a inspiración del Espíritu Santo. La verdad, como siempre en Roma, flota en ese terreno difuso entre la Providencia y la política.

¿Aplicó Francisco la «picardía argentina» para manipular post mortem el rumbo del Concilio Vaticano?

Sí y no. Si por «picardía argentina» entendemos astucia pragmática, habilidad para moverse en estructuras rígidas y saber jugar con los tiempos del poder sin romper las formas, entonces Francisco fue profundamente hábil. Pero no en el sentido de una “manipulación” malévola, sino como una estrategia pastoral y política para asegurar la continuidad de una visión reformadora de la Iglesia.

¿Cuál fue la jugada maestra?

Francisco entendió que las reformas reales no se decretan, se consolidan en el tiempo, especialmente en una institución tan lenta y compleja como la Iglesia. Por eso:

  • No se enfrentó al ala conservadora, sino que la dejó sin oxígeno, desplazando lentamente sus cuadros de poder.
  • Preparó el terreno para un sucesor con afinidad doctrinal, sin imponerlo, pero limitando las opciones a perfiles menos rupturistas con su legado.
  • Redefinió el centro del poder vaticano, quitando peso a los “príncipes” de la curia y dándoselo a los márgenes: cardenales de periferia, figuras inesperadas, iglesias del sur global.

Todo esto fue hecho “sin levantar la perdiz”, pero con eficacia quirúrgica. En otras palabras, Francisco no manipuló un concilio, pero sí maniobró con inteligencia para que la Iglesia no retrocediera cuando él faltara.

Francisco no lo manipuló, lo actualizó, como diría un argentino: «se mandó una piolada,»  fue inteligente, hábil, astuto.

Así que si alguien dice que Francisco «tiró magia» hasta después de muerto, tal vez tenga razón. No desde la brujería ni la conspiración, sino desde una inteligencia política pastoral que pocos Papas han tenido con tanta claridad latinoamericana.

Manipuló para conseguir su objetivo en el Cónclave

¿Hasta qué punto un Papa puede influir en la elección de su sucesor sin vulnerar las normas del Cónclave? ¿Y lo hizo Francisco con astucia “criolla” para que saliera elegido León XIV (Prevost)? Vamos por partes:

¿Qué es «prevaricar» en este contexto?

En términos jurídicos, prevaricar implica que una autoridad toma una decisión sabiendo que es injusta o que va contra la ley. En el ámbito eclesiástico, no hay norma explícita que prohíba a un Papa preparar su sucesión indirectamente, por ejemplo:

  • Creando cardenales afines.
  • Redibujando el mapa del poder vaticano.
  • Reforzando ciertos perfiles con visibilidad o influencia.

Lo que sí está prohibido es influir directamente en el Cónclave una vez iniciado, o manipular votos. Pero antes del Cónclave, un Papa puede “ordenar el tablero” con bastante libertad.

¿Qué hizo Francisco, realmente?

Francisco no nombró a Prevost su sucesor, eso no lo permite el sistema, pero sí:

  • Lo hizo cardenal en 2023, cuando no era un nombre de peso en la curia romana.
  • Lo posicionó como prefecto del Dicasterio del Clero), cargo clave pero no de alta exposición mediática.
  • Promovió en el Colegio Cardenalicio a decenas de figuras “franciscanas”, muchas de fuera de Europa, y con sensibilidad pastoral más que doctrinal.

En otras palabras: sembró cuidadosamente un perfil de Iglesia que naturalmente llevaría a elegir a alguien como Prevost, pero sin forzar nada directamente.

¿Eso es “picardía argentina”?

Sí, si usamos el término con cariño y sin cinismo, es esa habilidad para:

  • Moverse entre normas sin romperlas, pero sí doblándolas un poco.
  • Leer la realidad política como una partida de ajedrez más que como una guerra santa.
  • Dejar sembradas las condiciones de futuro sin necesidad de imponerlas.

Francisco sabía que no podía controlar el futuro, pero podía inclinar la cancha. Y lo hizo con talento, sin que nadie pueda acusarlo formalmente de nada.

Periódico La Nación – Buenos Aires – Argentina
Hace 20 años, el Papa Francsco y su sucesor, entonces Robert Prevost, hoy Leóx XIV,  oficiaron misa en una parroquia de Buenos Aires.

¿Prevaricación o visión estratégica?

Lo que a algunos les parece una “maniobra” puede verse también como una protección legítima del rumbo eclesial. Francisco estaba convencido de que una Iglesia centrada en los pobres, sin clericalismo y con apertura pastoral,  no debía desaparecer con su muerte. Para eso, preparó con paciencia una mayoría cardenalicia afín.

Si eso es “prevaricar”, habría que redefinir el término. Porque lo que hizo fue política eclesial, no un delito al servicio de una visión.

Durante más de una década, Francisco no se dedicó tanto a gobernar como a reconfigurar el tablero eclesial. No eliminó a sus adversarios, los dejó sin aire. No canceló las tradiciones, las rodeó de pastoral. No cambió dogmas, cambió preguntas.

Y mientras tanto, con paciencia jesuítica y picardía criolla, nombró cardenales como quien reparte semillas en terreno fértil: africanos, asiáticos, latinoamericanos y algunos europeos marginales. Hombres de Iglesia, sí, pero con oído en la calle y no en los pasillos vaticanos.

Así fue creciendo una nueva mayoría silenciosa en el Colegio Cardenalicio. A la hora del Cónclave, no había un candidato claro… pero sí un perfil inevitable. Alguien que no encendiera alarmas, pero tampoco retrocesos. Un nombre que pocos tenían en mente, pero que encajaba perfectamente: Robert Prevost, agustino, norteamericano de nacimiento, peruano de adopción, discreto y franciscano en estilo: León XIV.

Francisco no prevaricó en sentido estricto, pero jugó con astucia, como buen porteño, para evitar que el rumbo de su pontificado fuera desmontado por sus opositores. León XIV esfruto de esa siembra, no de una imposición. 

Un argentino lo definiría así: «Hizo gambeta en la tierra y metió el gol desde el cielo

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