La soberanía digital de Europa es la última línea de defensa para su autonomía, economía y libertad; y solamente de grandes referentes empresariales se podrá construir una industria tecnológica europea sólida.
La encrucijada en la que se encuentra la defensa europea con la invasión de Ucrania, la escalada de ciberataques contra infraestructuras vitales y la despiadada carrera de Estados Unidos y China por la supremacía tecnológica ha dejado claro que en este momento no se puede permitir la pasividad en seguridad.
La soberanía digital de Europa es la última línea de defensa para su autonomía, economía y libertad; y solamente de grandes referentes empresariales se podrá construir una industria tecnológica europea sólida.
Es el momento de actuar
España ha dado un paso al frente con el aumento del presupuesto de defensa, un plan de 10.000 millones de euros que destinará un tercio a ciberseguridad e inteligencia artificial. Pero la pregunta que hay que hacerse es quién se beneficiará de esta inversión. Debemos ser totalmente intransigentes a fin de evitar que esa partida, salida de impuestos propios, refuerce la capacidad de terceros países por muy aliados que sean.
El valor de esa inversión debe quedarse en España, impulsar su industria y su talento. Es una oportunidad histórica para fortalecer la base de nuestra ciberdefensa con soluciones concebidas y desarrolladas en el propio país. Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado merecen disponer de la mejor tecnología nacional. No es solo una declaración de intenciones; es un compromiso firme con la seguridad y el desarrollo de un sector estratégico que España necesita apremiantemente.
QUEEN, una respuesta ante la vulnerabilidad
El apagón de hace unos meses fue una llamada de atención brutal que dejó al descubierto la fragilidad y la excesiva dependencia de infraestructuras no siempre resilientes. Esa experiencia, sin embargo, ha servido de impulso para construir una infraestructura de país a través de la red QUEEN (Quantum Enabled Enterprise Network) de interconexión de data centers críticos en España con cifrado cuántico para los datos en curso. No se trata de un proyecto tecnológico más, es un escudo digital diseñado para garantizar la continuidad de las comunicaciones y la seguridad de los datos ante cualquier ataque o catástrofe.
El cifrado cuántico no es una utopía del futuro, sino la respuesta urgente a la amenaza inminente de los ordenadores cuánticos que harán obsoletos los sistemas de cifrado actuales. QUEEN es una apuesta para adelantarse en la protección de lo más valioso de la nación, hecha desde una empresa española y al servicio de España. Esta iniciativa se alinea asimismo con la nueva normativa de resiliencia del Gobierno, pero va un paso más allá en su ambición de salvaguardar el futuro digital del país.
Competitividad y talento como prioridades
La batalla de la infraestructura pertenece en estos momentos a Estados Unidos y China, pero Europa no puede dejarse vencer en la carrera del talento. Cuenta con mentes brillantes y universidades de excelencia, aunque necesitan crearse las condiciones para que esos cerebros no emigren. Es una cuestión de hacer país, y en España tenemos que replicar este modelo: invertir masivamente en formación profesional y universitaria, además de ofrecer planes de carrera que retengan esos talentos. La brecha entre la educación y las necesidades del mercado es inaceptable y debe cerrarse con urgencia.
El futuro es ahora y requiere valentía
La próxima década estará marcada por la ciberseguridad y la IA. Tanto desde Europa como desde España se está ante una oportunidad única de forjar el propio destino tecnológico, de ser actores y no meros espectadores. Esto exige valentía, inversión y una voluntad política inquebrantable para apoyar a empresas y talento propios.
La regulación excesiva a veces puede sentirse como un freno, pero esta nunca se hace como obstáculo a la innovación. La dependencia sí debilita. Es hora de una estrategia audaz que permita construir una industria tecnológica propia, capaz de proteger y de competir globalmente. La soberanía tecnológica es garantía de prosperidad y seguridad en este siglo XXI. Toca actuar, invertir en el potencial propio y apostar por un futuro seguro y autónomo.
FUENTE: www.escudodigital.com