Es clave la región de las tres fronteras entre Burkina Faso, Mali y Níger
El auge del yihadismo a nivel mundial tras los atentados del 11-S del 2001 y la caída de Gadafi fue impregnando el Sahel, la franja de territorio que va del océano Atlántico al mar Rojo, un terreno semiárido con precipitaciones escasas. La ayuda de los países occidentales a los gobiernos locales no lo frenó de forma suficiente, y fue precisamente la voluntad de revertir ese fracaso uno de los argumentos de los golpes de Estado militares que se sucedieron a partir del 2020. Un fenómeno que, lejos de mitigar, se acrecienta, en especial en la región de las tres fronteras entre Burkina Faso, Mali y Níger.
Los mapas y datos hablan solos:

A menudo emigrar acaba por ser la última solución. Eso sí, una parte de los habitantes del Sahel, y también del Sáhara, son nómadas o provienen de etnias que lo eran y la visión occidental sobre esos territorios de una climatología extrema no ha sido comprensiva con su ancestral costumbre de moverse para sobrevivir o para escapar de desastres naturales o humanos como las guerras.

Ãreas de conflicto, terrorismo y golpes de estado
La riqueza de recursos minerales y energéticos del Sahel y paÃses limÃtrofes es explotada por grupos terroristas y separatistas para financiarse, atrae el interés de grandes potencias y fomenta el crimen organizado
Fuente: www.lavanguardia.com