Por Carlos Gulberti
En un contexto global cada vez más incierto, España se enfrenta a diversas amenazas geopolíticas que ponen a prueba su seguridad y estabilidad. Tradicionalmente, la percepción de amenazas ha estado marcada por la posición de España dentro de la OTAN y su relación con Europa, pero en los últimos años han surgido nuevos desafíos que han reavivado el debate sobre cuál es la verdadera amenaza
Rusia: Una amenaza indirecta pero real
Desde la invasión de Ucrania en 2022, Rusia se ha consolidado como una amenaza para la seguridad europea. Aunque España no es un actor principal en el conflicto, su pertenencia a la OTAN la obliga a alinearse con las políticas de defensa del bloque occidental. Esto ha supuesto un incremento en el gasto militar y una participación en maniobras de disuasión frente a Moscú. Además, la guerra híbrida que emplea Rusia, basada en ciberataques, desinformación y presión económica, también puede afectar a España en ámbitos como la seguridad energética y la estabilidad política.
No obstante, la distancia geográfica entre ambos países y la falta de intereses directos entre España y Rusia hacen que esta amenaza sea principalmente indirecta. El riesgo principal radica en un posible deterioro de la seguridad europea que termine arrastrando a España a un conflicto mayor.
Marruecos: Un vecino con intereses en conflicto y un rearme acelerado
Por otro lado, Marruecos representa una amenaza de carácter más inmediato para España debido a su proximidad geográfica y sus reivindicaciones territoriales. La tensión entre ambos países ha aumentado en los últimos años, especialmente por cuestiones como la soberanía de Ceuta y Melilla, el control del espacio marítimo en Canarias y la gestión de los flujos migratorios. Marruecos ha utilizado en varias ocasiones la inmigración irregular como un arma diplomática para presionar a España y la UE, como ocurrió en mayo de 2021 con la entrada masiva de migrantes en Ceuta.
Sin embargo, lo que más preocupa es el rearme acelerado y desproporcionado de Marruecos en los últimos años. Gracias a sus acuerdos estratégicos con potencias como Estados Unidos e Israel, Marruecos ha adquirido modernos sistemas de armamento, aviones de combate, drones y tecnología militar avanzada, convirtiéndose en una de las fuerzas armadas más poderosas del norte de África. Este crecimiento militar sin precedentes no solo genera preocupación en sectores de la defensa española, sino que también plantea interrogantes sobre las verdaderas intenciones de Rabat y el equilibrio estratégico en la región.
Aunque Marruecos es oficialmente un aliado de España, sus movimientos indican que busca consolidarse como una potencia regional, lo que podría derivar en futuras disputas y una creciente presión sobre territorios españoles en el norte de África.
¿Cuál es la amenaza más importante?
Si bien Rusia representa una amenaza global con repercusiones en la seguridad de España, la realidad es que Marruecos supone un desafío más inmediato y tangible. Las relaciones con el país vecino están marcadas por una mezcla de cooperación y tensión, lo que exige una diplomacia firme y equilibrada.
En este escenario, España debe reforzar su posición dentro de la OTAN y la UE para enfrentar las amenazas externas, pero también debe fortalecer su presencia en el norte de África y mejorar sus capacidades defensivas para garantizar su soberanía y seguridad frente a Marruecos.
La clave está en mantener una estrategia de disuasión y diplomacia efectiva, evitando caer en provocaciones que puedan derivar en conflictos abiertos. La seguridad de España no solo depende de cómo se manejen estas amenazas, sino también de su capacidad para adaptarse a un mundo en constante cambio.
Existe un antiguo dicho castellano que resume y define la situación de España y que aconseja estar alerta y prevenir posibles problemas al observar las experiencias negativas de los demás: “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar».